miércoles, 27 de mayo de 2015

Fútbol querido ¿Qué te han hecho?



“Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”
Ley de conservación de la materia, que causó una de las mayores revoluciones de la química, descubierta por Antoine Laurent Lavoisier

 
Y tampoco nada sucede por casualidad.

Hoy se destapó el mayor caso de corrupción en la FIFA, con 14 miembros internacionales de la federación implicados.

No me extraña ver que 3 de ellos sean de Argentina y otros muchos latinoamericanos.

Hace 3 días, el escritor argentino Hernán Casciari, publicaba en su blog Orsai un relato sobre el fútbol.
Pero no sobre el deporte, escribió sobre el monstruo que creció a su alrededor, y terminó devorando al hermoso deporte.

Tal vez Lavoisier piense que nada se crea, nada se destruye y todo se transforma, pero nosotros creamos al monstruo que destruyó al fútbol y lo transformó en el negocio de la pasión.

En varias ocasiones hablé sobre la vergüenza que me causa el fútbol argentino y los negociados que se generan a su alrededor, pueden leerlo ACÁ y ACÁ TAMBIÉN.
La epidemia ya es mundial.

Teníamos un juguete

Teníamos un juguete; era el más divertido del mundo. No lo habíamos inventado nosotros pero jugábamos mejor que sus inventores. Aceptamos algunas palabras de su idioma original: ful, corner, orsai, pero enseguida lo llenamos de palabras nuestras: sombrero, rabona, pared. Empezamos a jugar en la vereda, en los patios, en invierno y verano, hasta que un día algunos de nosotros, los que jugaban mejor, dejaron sus empleos y se dedicaron por completo. ¡Y qué bien jugaban!

Era tan grande la belleza de sus movimientos que muchos dejamos de jugar y nos pusimos a mirarlos. Armamos clubes sociales, construimos tribunas de madera y de cemento, solamente para ver de cerca a los mejores de cada barrio. Después organizamos torneos semanales, discutimos reglas y elegimos colores para las camisetas. Éramos hombres, pero actuábamos como chicos la mañana del seis de enero.

Y claro, los que habíamos nacido en un barrio queríamos que el domingo ganaran los nuestros, y que los vecinos perdieran. Entonces le incorporamos una variante al juego: mientras durase el partido, los que mirábamos teníamos que cantar a coro y a los gritos. Y así lo hicimos.

¡Qué bien nos salía cantar! Pronto averiguamos que no solo éramos buenos con el juguete, sino también mirando el juego. No habíamos resultado espectadores tristes, como en otros continentes. Nosotros nos involucrábamos, tirábamos kilos de papel picado para recibir a los nuestros y componíamos canciones de aliento. «Sí sí señores / yo soy de Racing. / Sí sí señores / de corazón». Nos divertíamos durante la semana inventando estrofas, y hasta empezamos a componer otras, más picarescas, para fastidiar al vecino. «River tenía un carrito / Boca se lo sacó / River salió llorando / Boca salió campeón». Qué risa nos daba molestar a los vecinos.

Imagínense. Si el juguete ya era divertido en silencio, con el contrapunto de las tribunas el pasatiempo se convirtió en un espectáculo asombroso. Tanto, que venía gente de todo el mundo a conocer nuestra fiesta popular, llena de papel picado y de cantitos. Empezamos a decirle «hinchar» a la acción de fastidiar al rival con canciones picarescas. Y nos bautizamos a nosotros mismos «hinchas», y al grupo enfervorizado de la tribuna le pusimos de nombre «hinchada». Habíamos aprendido a vestir al juguete con accesorios.

Un día se hicieron tan numerosas las hinchadas, y tan efusivas, que tuvimos que poner barras de fierro en las tribunas, a la altura de la cadera, para no caernos en avalancha por culpa de la emoción. Más tarde esa barra de metal sirvió para que el hincha con mejor garganta, subido a ella, dirigiera el coro improvisado. Bautizamos a este hincha con el nombre de «barrabrava», porque sus malabares eran de vértigo.

Nuestros mejores jugadores, que ya empezaban a jugar en otros países, al debutar en el extranjero sentían un vacío: la emoción de las tribunas no era igual. Todos sentados, nadie cantando. Muchos elegían volver al club de su origen, incluso perdiendo fortunas, con tal de escuchar otra vez el rumor de las hinchadas dirigidas por los barras. Fue entonces cuando nos empezó a interesar más el accesorio que el juguete.

En esa época empezamos a exagerar la emoción que sentíamos. Los hinchas, que hasta entonces caricaturizábamos pequeñas guerras ficticias, olvidamos que actuábamos en chiste. Empezamos a llamarle «pasión» a nuestra simpatía por un club.

Y los cantos se volvieron literales. «Corrieron para acá / corrieron para allá / a todos esos putos los vamos a matar». A muchas empresas esto les pareció muy rentable y reforzaron la idea de «pasión». La pasión del encuentro. Todos unidos por una pasión. El juguete se había vuelto tan importante como la vida. Era, incluso, un resumen de la vida.

Entonces, una tarde, dejamos de alentar a los jugadores y empezamos a ser hinchas de nuestra propia pasión. «Pasan los años / pasan los jugadores / la hinchada está presente / no para de alentar».

Mientras en el pasto ocurría el juego, las tribunas se felicitaban a ellas mismas, y creímos sensato fundar periódicos, emisoras de radio y canales de televisión que informaran durante las veinticuatro horas sobre el juego, aunque el juego solo ocurriera una vez por semana. No nos pareció excesivo. Porque de martes a sábados queríamos saber sobre las hinchadas, sobre los barrabravas y sobre las pasiones.

Los periódicos le daban la misma importancia, en la portada, a un conflicto entre hinchas que a la guerra de Medio Oriente. Y los barrabravas empezaron a tener nombre y apellido en la prensa. Les sacaban fotografías, se hablaba de ellos en las tertulias. Cuanto mayor era su salvajismo, más grande su fama y su titular.

Los relatores del juego, que al inicio solo decían los nombres de los jugadores por la radio, también empezaron a fingir emoción exagerada en el relato. Durante los partidos gritaban los goles durante cincuenta segundos en el micrófono, como poseídos, como si no hubiera nada más importante en el universo, y después le pedían calma a las tribunas.

Nadie sabe cuándo fue, exactamente, que todo se fue al carajo. Nadie recuerda cuándo murió el primero de los nuestros, ni a manos de quién. Nadie sabe cómo algunos se hicieron dueños del juguete. Pero un día las tribunas se convirtieron en campos de batalla. Y la prensa no hablaba de la muerte de seres humanos, sino de la muerte de «hinchas de». Para alimentar la pasión.

Los jugadores que triunfaban en el extranjero ya no quisieron volver, y los dueños del juguete se llenaron los bolsillos sin mejorarle el mecanismo. Hoy, cuando vamos a ver jugar a los nuestros, ya no hay sombreros, ni rabonas, ni paredes. El pasto está alto y descuidado. Y pusieron una manga de plástico para que los jugadores puedan entrar a la cancha sin morir.

Teníamos un juguete. Era el más divertido del mundo. Todavía no sabemos si fue un accidente, pero rompimos el juguete en mil pedazos. Lo hicimos mierda.

Y lo más triste es que no sabemos jugar a otra cosa.

miércoles, 29 de abril de 2015

Feliz día del animal

Pancho yendo de vacaciones wiiiiiiiiiii ^,^

Lo primero y primerísimo:
¿Por qué se festeja, un día como hoy, el día del animal?

Un 29 de abril de 1926 fallece Lucas Albarracín quien promovió la de la Ley Nº 2786 de Protección de Animales (promulgada el 25 de Junio de 1891), que establece la obligatoriedad de brindar protección a los animales, para impedir impedir su maltrato y su caza.

Quienes me conocen, saben de mi amor por los animales.
En estos 8 años que lleva el blog, han pasado muchos amiguitos peludos... y otros no tanto, como Debora Dora. Aunque, técnicamente y siendo rigurosos, sí tenía pelos jajaja.

Buscando en viejas publicaciones, me di cuenta que generalmente vengo a hablarles de mis mascotas en momentos tristes.
Cuando mi fiel compañero de habitación Cosme Fulanito estuvo muy enfermo o cuando mi GRAN amiguito, y primer amor, Pepe Chatruc se fue, dejando un gran vacío.

Hoy quiero saludar felizmente a todos estos compañeros que pasaron por nuestras vidas, dejando una huella imborrable.
Y para aquellos que tenemos cerca, esos que nos esperan todos los días en nuestras casas, moviendo la cola, pidiendo comida, cantando, corriendo, saltando o durmiendo; hoy más que nunca, abracemoslos muy muy fuerte y devolvamosles todo ese amor que nos brindan a diario.

Y para mi Panchito hermoso: Feliz feliz en tu día!!!!!


BONUS TRACK:
En el Día del Animal, la AFIP jubilará a 16 perros de la Aduana
Merecido descanso para estos viejitos! 

viernes, 10 de abril de 2015

The Working Dead



Almuerzo del día:

Milanesa frita + papas fritas + ensalada de espinaca y parmesano + panqueque de crema y dulce de leche = (X)_(x)
 
‪#‎TheWorkingDead‬

martes, 7 de abril de 2015

Estilos de gamers

Ante todo, soy un jugador de PC, y después de eso, soy un jugador de RPG.
Cada tanto, trato de salir de esta rutina, pero básicamente, siempre repito lo mismo.
Nunca un tanque, nunca un frontier. Te tiro magia y a correr!
¿Y ustedes, que tipo de jugador son?


miércoles, 1 de abril de 2015

La lanza del destino



Siempre me interesaron mucho los temas místicos, religiosos, secretos, mitológicos y sobrenaturales.
Esa búsqueda de una explicación, sabiendo de antemano que es muy difícil, por no decir imposible, conseguirla.

Tal vez por eso me interesé tanto por la Segunda Guerra Mundial (WWII) donde los Nazis tuvieron mucho que ver con varios de estos tópicos desde su origen.

Aprovechando Semana Santa, que es la celebración de Pascuas de Cristianismo, me pareció interesante hablarles sobre un objeto que tiene origen en esa época y luego tendría una particular participación a lo largo de la historia de la humanidad: La lanza del destino


La Lanza del Destino o Lanza sagrada (que también es llamada Lanza de Longinus o de Cristo), tiene tantas historias y versiones como nombres. Dice la leyenda “quien posea la lanza gobernará el mundo”.

El primer documento que habla de esta lanza es por supuesto en la biblia, específicamente en el Evangelio de Juan (19:33-34), según dice el documento los soldados romanos esperaban romper las piernas de Jesús para acelerar su muerte, pero como lo encontraron ya muerto decidieron estar seguros y atravesaron su costado con una lanza, saliendo agua y sangre de la herida (
lo que fue considerado un milagro).

El nombre del soldado que tenia la lanza y atraviesa a Jesús es Gaius Cassius Longinus, de ahí uno de los nombres que se le da a la lanza. El mito es que la lanza es una reliquia sagrada y posee un poder que no esta del todo claro, pero que puede usarlo quien la tenga en su poder, ya sea para el bien o para el mal. 


Se dice que esta lanza cayó posteriormente en manos de Constantino el grande, quien usando su poder expandió el Imperio Romano, sin conocer jamás la derrota. En los siguientes mil años 45 emperadores utilizaron la lanza, entre ellos Carlomagno y Federico el grande. Ninguno de los 3 mencionados perdió una batalla mientras mantuvo posesión de la lanza. Se decía que Carlomagno nunca dejaba la lanza a mas de 2 metros de su alcance, incluso cuando dormía.

Uno de los personajes que mas fascinación tenia por la lanza era Hitler, que hizo lo imposible para conseguirla y lo hizo, no podemos afirmar que la lanza ayudo a Hitler a conseguir sus objetivos, pero es indudable que la tenia y sabia mucho acerca de la historia de esta.

A comienzos del siglo XX la lanza se hallaba en el Hofburg de Viena, y un joven Adolf Hitler se encontró frente a ella durante una visita guiada. Al recordar el momento decía Hitler que al situarse frente al aparador, entró en una especie de trance.
“Gradualmente me di cuenta de una poderosa presencia alrededor de ella, la misma particular y magnífica presencia que había experimentado internamente en esas raras ocasiones de mi vida en que sentía que un gran destino me aguardaba. Inmediatamente me di cuenta que ese era un momento importante en mi vida, y de todos modos no podía entender como un símbolo cristiano podía haberme causado semejante impacto”.

En los siguientes años Hitler retornaría frecuentemente al Hofburg a contemplar la lanza, obsesionado por la misma. Cuando Alemania se anexó Austria en 1938, una de las primeras ordenes de Hitler fue pedir que le trajeran la lanza y lo dejaran solo con ella. Su obsesión de reunirse con la lanza del destino se cumplía tras 25 años de espera.

Nadie puede afirmar a ciencia cierta cierta si la lanza tenía o no poderes, pero lo que sí es un hecho histórico, es que Hitler se suicidó en Berlin un 30 de abril de 1945. El 30 de abril asimismo, en la ciudad de Nuremberg, los Aliados descubrían un bunker secreto donde estaba escondida la lanza y tomaban posesión de la misma.
Hitler guardó la lanza y otros objetos en una bóveda construida especialmente para ese fin, pero por azares del destino cuando las tropas Estadounidenses llegaron a ese lugar y derrotaron a las tropas de Hitler, un proyectil abrió un hueco de la bóveda y los soldados se dieron cuenta del hallazgo, reclamando para Estados Unidos la lanza.

Según dicen, los anteriores dueños de la lanza como Carlomagno o Barbarroja tuvieron un fin similar al separarse de ella, parece como una maldición, cuando el dueño se separa de la lanza, este muere.

Actualmente hay censadas cuatro lanzas santas, la más famosa de ellas es lógicamente la que se conserva en el Vaticano.
La segunda lanza está en París, adonde fue llevada por San Luis en el siglo XIII, cuando regresó de la última cruzada de Palestina.
La tercera es la que se custodia en el museo del palacio Hofburg, en Viena (Austria), también llamada Casa del Tesoro, y es la que posee una genealogía más fascinante, porque fue la que encandiló a Constantino el Grande, a Carlomagno, a Federico Barbarroja y a Hitler.
La cuarta lanza en litigio se conserva en Cracovia (Polonia), pero tan sólo es una copia de la vienesa que Otón III regaló a Boleslav el Bravo.


En la serie de anime y manga Neon Genesis Evangelion la "lanza de Longinos" es utilizada para mantener cautiva a "Lilith", y luego es utilizada para destruir a un ángel que ataca desde el espacio y queda por siempre atrapada en la órbita de la Luna. Cabe mencionar que esta versión de la lanza adopta el tamaño del portador.


FUENTES