miércoles, 26 de agosto de 2015

Parque de "diversiones" a lo Banksy




Casi presagiando este nuevo y brillante delirio de Banksy, el Sr. Crisitan "Pity" Alvarez escribió allá por el 2001 el tema "Yo no fuí" en el grupo Intoxicados.

"... pasen al circo mas adrenalínico del mundo, tenemos a los payasos que están re puestos y no pueden hacer reír a nadie y el domador tiene miedo de meterse a la jaula del león, yo también..."

Y un poco así se siente el parque de diversiones que construyó Banksy: Dismaland - Bemusement Park.
Como puede verse en varios de mis posteos, me gusta mucho el arte callejero y en particular Banksy me parece de los más originales. Y ahora armó su propio Disneylandia antisistema, un parque sin risas, sin felicidad, sin brillo, sin amor, pero muy humano.


Tras 20 años pintando muros y paredes por todo el mundo a Banksy, al artista urbano más famoso del mundo (cuya identidad nunca ha sido revelada), le quedan pocos retos por cumplir. Con sus sprays ha dado una vida diferente a paredes, desde Nueva York a Gaza, tratando todo tipo de temas, desde la ocupación israelí hasta el maltrato de las multinacionales.



A partir del próximo domingo 23 de agosto y hasta el 27 de septiembre, según la página web del parque, podrá verse uno de los proyectos más misteriosos, por solo tres euros y gratis para menores de cinco años. En un pueblo al lado del mar inglés llamado Weston-super-Mare, Banksy prepara a conciencia la inauguración de la que puede ser su exposición más multitudinaria y particular.



A pocos kilómetros de su Bristol natal y en un antiguo parque de recreo abandonado llamado Tropical. Allí, lleva meses construyendo, bajo un misterio y un secretismo espectacular, una suerte de parque de atracciones de la crítica social, o como lo definen sus creadores: "un festival de arte, diversiones y anarquismo a nivel principiante".





Se han revelado algunos detalles más del proyecto. Se sabe, por ejemplo, que en el proyecto participan autores de todo el mundo. Todos esos autores darán el toque artístico particular a un parque que contará con numerosas atracciones de todo tipo a la manera de Banksy. Atracciones que van desde un furgón antidisturbios tobogán a un campo de golf loco caracterizado con una temática yihadista.



Su parecido con el parque de Disneyland es más que evidente, ya que incluso tiene un castillo de princesa en el centro de toda la exposición. Aunque, eso sí, retocado por el propio artista. Pero fuera de ese parecido estético, Dismaland, no tendrá ninguna otra semejanza con el espacio de Disney, pues uno de sus objetivos es criticar ese tipo de lugares artificiales llenos de "supuesta felicidad y diversión".




Por las imágenes que se han podido ver, la idea de la expo es que el espacio sea un lugar lúgubre, triste, desolado y crítico con toda la sociedad actual. Un parque de atracciones crítico con la realidad, que tiene como objetivo principal abrir los ojos al visitante.




No se sabe si el parque seguirá abierto más tiempo de lo indicado o si de repente desaparecerá, en realidad no se sabe prácticamente nada sobre él. Pero es lo que tiene Banksy, ese misterio continuo que lo ha convertido en uno de los artistas más importantes del mundo.



lunes, 24 de agosto de 2015

20 comics, 1 gif

¿Cuantos superheroes y villanos de Marvel y DC Comics pueden reconocer en el siguiente gif?


Increíble trabajo de síntesis animada, con un total de 20 superheroes y villanos, que abarcan las dos franquicias de comics más populares, incluyendo a varios de los integrantes de Los Vengadores (Avengers), La liga de la Justicia (Justice League), X-Men y los 4 Fantásticos (Fantastic Four)

viernes, 21 de agosto de 2015

Da ni él. Rabi NO! Bitch



Daniel Rabinovich, un genio del humor
Mi Les Luthier preferido

Gracias por dejarnos el legado de una risa sana, inteligente y con mucha magia.

Buen viaje,
y saludo a los de arriba


La siguiente obra del presente recital, ilustra un periodo poco conocido de la juventud de Johann Sebastian Mastropiero. Todo empezó cuando un conocido crítico se resfrió... se refirió. Se refirió a Mastropiero. Con esto, termino. ¡Con estos términos! Términos... no le han puesto eso, arriba de la T, la diéresis. Es un error de lipotimia.
Mastropiero se ha creado fama de artista espiritual pero come todo, pero come de todo. Pero con métodos. Con métodos pocos, claro. Con métodos poco claros. Podríamos llegar a admirarlo siempre ¿y cuándo tomaremos? Siempre y cuando tomáramos en cuenta su tenaza. Su tenaza ambición. Dos palabras. Tenaza – mbición. En los más pestrigiosos foros internaciona... presgirigioso, prestigi, prestgiri tigiri... en los más famosos foros internacionales en que estuve excitado, en que estuve en citado muchas veces, ¿eh?. Muchas veces he citado el fracaso de su operación. El fracaso de su ópera. Sion y el judío era antes. Sión y el judío errante. Que se basaba en una vieja leyendo ebria. Una vieja leyenda hebrea. Me di cuenta enseguida, no podía ser.
Siempre dije ¡qué dicha! Que dicha ópera no describe con acierto los sexos dos, los dos sexos... los éxodos de dicho pueblo, y por eso Mastropiero soportó ¿ha batido un huevo? Soportó habatido un nuevo fracaso.
Por esos días, Mastropiero enfrentó grandes problemas. Chocó con la bici... ¡Bicisitudes! Más adversas. ¿Qué le tocaron? Que le tocaron en suerte. Vivía acostado por las dudas. Vivía ACOSADO por las deudas. Por esos tiempos conoció a los condes de Frystat y cuando ya no podía más sacudió a la condesa. ¡Acudió! A la condesa, que era la persona ¿y, doña? Que era la persona idónea. La condesa se apiadó de él y le anotó un viejo, le costeó un viaje a Nueva York.
Allí, Mastropiero compuso la pieza que escucharemos a continuación, su célebre Daisy Daisy. Aquí termina la anécdota, pero el te mató. ¡Davía da! ¡PARÁ! Más... Pero el tema todavía da para más. Esto es... ¿todo? Esto es todo, todo esto, esto es, todo esto, eso, esto es, qué es esto, esto es coso, este soto es toso, ese seto es toso, todo soso. Es te, ese té ¿es de Totó o se destetó Teté? Totó, Totó es ¡AHHH! ¡Esto es todo!
 

miércoles, 12 de agosto de 2015

Un golpe al cuerpo, directo a la cicatriz, directo al corazón


Ninguna de mis ex parejas o amores pasajeros me persigue por las noches de insomnio. No me sueño con un futuro distinto que nunca fue, al cual anhelar con melancolía.
Tal vez porque el verdadero amor, es el que me acompaña hoy, desde hace ya muchos años.

Pero a decir verdad, tengo un fantasma que cada tanto, en esas noches de desvelo, se aparece llamando a mi puerta y me susurra "Ey, te acordás de mí?".

La última vez que nos vimos fue en la plaza de Villa del Parque.
Uno de los bancos que está en el centro, del lado de las canchas de bochas.
Habrán pasado 9 o 10 años de ese día, y lo recuerdo como si fuese ahora.
Un tiempo después hubo otro (re)encuentro, unas cervezas, un intento por recuperar algo que estaba destruido... o tal vez fue solo un sueño, una proyección de mi deseo, no lo recuerdo bien.

Volviendo a ese último día, en que me citaste para decirme que lo mejor era que nos tomemos un tiempo, que vos ibas a pelear por un amor y yo debía pelear con la soledad.
Era una decisión tomada. Solo querías comunicarmela.
Vos estabas muy enojado y algo de razón tenías, por eso me enojé yo también, porque el problema era yo y me negaba a aceptarlo.

Vos te fuiste para el lado de Devoto, yo para La Paternal.
Como una parodia al capítulo final de Okupas, la toma aérea nos mostró a cada uno yendo por su lado.

Mucho tiempo pasó.
Muchos viciosos se fueron.
Muchos defectos se aceptaron.
Y hace un tiempo te encontré.

No se bien cómo, googleando supongo.
Siempre fuiste muy reservado con tu vida real, y en tiempo de redes socialmente liberadas y privacidades inexistentes, pudiste mantener tu vida a resguardo.

Sé que te dedicás a la fotografía y muchas fotos me alucinaron.
Es todo lo que sé de tu vida.
Nunca más me buscaste. O si lo hiciste, al igual que yo, sólo fuiste un espectador del tiempo que pasó.

También encontré nuestras últimas ciber peleas en tiempos de fotolog. Pero también guardo grandes recuerdos, muy grandes recuerdos de momentos únicos de mi vida.

Es por eso que siempre decanto en la misma pregunta:
¿Tiene sentido volver a intentarlo?
Fuimos hermanos en un momento dado de nuestras vidas. Hoy soy muy distinto a ese joven de rulos y topper celestes que iba recitales todas las semanas y supongo que vos también.
Nunca volveremos a esa conexión que tuvimos, nunca volveremos a ser esos jóvenes.

Y acá estoy, una noche más, escribiendo un poco lo que cruza por mi mente.
Eso también nos unió.
Porque siempre nos gustó exteriorizar lo que nos pasaba, con rock, con proyectos delirantes y con puteadas.

Tal vez esta sea la despedida y el "perdón" que nunca puede decir.
Soltar algo que tenía muy aferrado para poder seguir creciendo.

Si estas ahí...
Si estás igual...
Si querés hablar...
Siempre hay tiempo para una cerveza más.
Bienvenido hermano, bienvenido al hotel.

Y sino, buena vida Cuartetero73.
Poder decir adiós, es crecer.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Fútbol querido ¿Qué te han hecho?



“Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”
Ley de conservación de la materia, que causó una de las mayores revoluciones de la química, descubierta por Antoine Laurent Lavoisier

 
Y tampoco nada sucede por casualidad.

Hoy se destapó el mayor caso de corrupción en la FIFA, con 14 miembros internacionales de la federación implicados.

No me extraña ver que 3 de ellos sean de Argentina y otros muchos latinoamericanos.

Hace 3 días, el escritor argentino Hernán Casciari, publicaba en su blog Orsai un relato sobre el fútbol.
Pero no sobre el deporte, escribió sobre el monstruo que creció a su alrededor, y terminó devorando al hermoso deporte.

Tal vez Lavoisier piense que nada se crea, nada se destruye y todo se transforma, pero nosotros creamos al monstruo que destruyó al fútbol y lo transformó en el negocio de la pasión.

En varias ocasiones hablé sobre la vergüenza que me causa el fútbol argentino y los negociados que se generan a su alrededor, pueden leerlo ACÁ y ACÁ TAMBIÉN.
La epidemia ya es mundial.

Teníamos un juguete

Teníamos un juguete; era el más divertido del mundo. No lo habíamos inventado nosotros pero jugábamos mejor que sus inventores. Aceptamos algunas palabras de su idioma original: ful, corner, orsai, pero enseguida lo llenamos de palabras nuestras: sombrero, rabona, pared. Empezamos a jugar en la vereda, en los patios, en invierno y verano, hasta que un día algunos de nosotros, los que jugaban mejor, dejaron sus empleos y se dedicaron por completo. ¡Y qué bien jugaban!

Era tan grande la belleza de sus movimientos que muchos dejamos de jugar y nos pusimos a mirarlos. Armamos clubes sociales, construimos tribunas de madera y de cemento, solamente para ver de cerca a los mejores de cada barrio. Después organizamos torneos semanales, discutimos reglas y elegimos colores para las camisetas. Éramos hombres, pero actuábamos como chicos la mañana del seis de enero.

Y claro, los que habíamos nacido en un barrio queríamos que el domingo ganaran los nuestros, y que los vecinos perdieran. Entonces le incorporamos una variante al juego: mientras durase el partido, los que mirábamos teníamos que cantar a coro y a los gritos. Y así lo hicimos.

¡Qué bien nos salía cantar! Pronto averiguamos que no solo éramos buenos con el juguete, sino también mirando el juego. No habíamos resultado espectadores tristes, como en otros continentes. Nosotros nos involucrábamos, tirábamos kilos de papel picado para recibir a los nuestros y componíamos canciones de aliento. «Sí sí señores / yo soy de Racing. / Sí sí señores / de corazón». Nos divertíamos durante la semana inventando estrofas, y hasta empezamos a componer otras, más picarescas, para fastidiar al vecino. «River tenía un carrito / Boca se lo sacó / River salió llorando / Boca salió campeón». Qué risa nos daba molestar a los vecinos.

Imagínense. Si el juguete ya era divertido en silencio, con el contrapunto de las tribunas el pasatiempo se convirtió en un espectáculo asombroso. Tanto, que venía gente de todo el mundo a conocer nuestra fiesta popular, llena de papel picado y de cantitos. Empezamos a decirle «hinchar» a la acción de fastidiar al rival con canciones picarescas. Y nos bautizamos a nosotros mismos «hinchas», y al grupo enfervorizado de la tribuna le pusimos de nombre «hinchada». Habíamos aprendido a vestir al juguete con accesorios.

Un día se hicieron tan numerosas las hinchadas, y tan efusivas, que tuvimos que poner barras de fierro en las tribunas, a la altura de la cadera, para no caernos en avalancha por culpa de la emoción. Más tarde esa barra de metal sirvió para que el hincha con mejor garganta, subido a ella, dirigiera el coro improvisado. Bautizamos a este hincha con el nombre de «barrabrava», porque sus malabares eran de vértigo.

Nuestros mejores jugadores, que ya empezaban a jugar en otros países, al debutar en el extranjero sentían un vacío: la emoción de las tribunas no era igual. Todos sentados, nadie cantando. Muchos elegían volver al club de su origen, incluso perdiendo fortunas, con tal de escuchar otra vez el rumor de las hinchadas dirigidas por los barras. Fue entonces cuando nos empezó a interesar más el accesorio que el juguete.

En esa época empezamos a exagerar la emoción que sentíamos. Los hinchas, que hasta entonces caricaturizábamos pequeñas guerras ficticias, olvidamos que actuábamos en chiste. Empezamos a llamarle «pasión» a nuestra simpatía por un club.

Y los cantos se volvieron literales. «Corrieron para acá / corrieron para allá / a todos esos putos los vamos a matar». A muchas empresas esto les pareció muy rentable y reforzaron la idea de «pasión». La pasión del encuentro. Todos unidos por una pasión. El juguete se había vuelto tan importante como la vida. Era, incluso, un resumen de la vida.

Entonces, una tarde, dejamos de alentar a los jugadores y empezamos a ser hinchas de nuestra propia pasión. «Pasan los años / pasan los jugadores / la hinchada está presente / no para de alentar».

Mientras en el pasto ocurría el juego, las tribunas se felicitaban a ellas mismas, y creímos sensato fundar periódicos, emisoras de radio y canales de televisión que informaran durante las veinticuatro horas sobre el juego, aunque el juego solo ocurriera una vez por semana. No nos pareció excesivo. Porque de martes a sábados queríamos saber sobre las hinchadas, sobre los barrabravas y sobre las pasiones.

Los periódicos le daban la misma importancia, en la portada, a un conflicto entre hinchas que a la guerra de Medio Oriente. Y los barrabravas empezaron a tener nombre y apellido en la prensa. Les sacaban fotografías, se hablaba de ellos en las tertulias. Cuanto mayor era su salvajismo, más grande su fama y su titular.

Los relatores del juego, que al inicio solo decían los nombres de los jugadores por la radio, también empezaron a fingir emoción exagerada en el relato. Durante los partidos gritaban los goles durante cincuenta segundos en el micrófono, como poseídos, como si no hubiera nada más importante en el universo, y después le pedían calma a las tribunas.

Nadie sabe cuándo fue, exactamente, que todo se fue al carajo. Nadie recuerda cuándo murió el primero de los nuestros, ni a manos de quién. Nadie sabe cómo algunos se hicieron dueños del juguete. Pero un día las tribunas se convirtieron en campos de batalla. Y la prensa no hablaba de la muerte de seres humanos, sino de la muerte de «hinchas de». Para alimentar la pasión.

Los jugadores que triunfaban en el extranjero ya no quisieron volver, y los dueños del juguete se llenaron los bolsillos sin mejorarle el mecanismo. Hoy, cuando vamos a ver jugar a los nuestros, ya no hay sombreros, ni rabonas, ni paredes. El pasto está alto y descuidado. Y pusieron una manga de plástico para que los jugadores puedan entrar a la cancha sin morir.

Teníamos un juguete. Era el más divertido del mundo. Todavía no sabemos si fue un accidente, pero rompimos el juguete en mil pedazos. Lo hicimos mierda.

Y lo más triste es que no sabemos jugar a otra cosa.