domingo, 26 de octubre de 2014

El alfabeto pittorico de Antonio Basoli

Antonio Basoli - Grande osservatorio astronomico della Cina - 1847

Antonio Basoli (Castel Guelfo di Bologna, Estados Pontificios, 18 de abril de 1774 - Bolonia, Emilia-Romaña, 30 de mayo de 1848), fue un artista italiano que desarrolló su obra principalmente en Bolonia, Italia. Fue un pintor, diseñador de interiores, grabador y profesor de la "Accademia delle Belle Arti di Bologna" de 1804 a 1826.

Durante su estadía en la Accademia se acercó mucho a los pintores Domenico Corsini y Pelagio Palagi. Su educación fue motivada por un gran y constante interés en el arte clásico, la literatura clásica y contemporánea, y las obras, decoraciones e inscripciones de Giovanni Battista Piranesi.

Este alfabeto consta de 25 grabados correspondientes a las letras del alfabeto de la A a la Z (no se utilizaba la J) mas el símbolo &, incorporadas a un fondo de monumentos y paisajes clásicos.


De acá pueden descargar las fotos en Alta Resolución:

sábado, 18 de octubre de 2014

Una lección de $100


Le pregunto a la hija de un amigo, qué le gustaría ser cuando fuera mayor. Ella respondió que quería ser presidente algún día.
Sus padres estaban presentes y yo continué preguntando:
"¿Si algún día llegaras a ser presidente, qué sería lo primero que harías?”
Ella respondió sin vacilar:
“Daría alimentos y viviendas a todos los pobres."
Sus padres, orgullosos, pelaron los dientes en una radiante sonrisa y dijeron:
"¡Bravo, qué propósito más loable!"
Entonce yo le dije:
“Pero para eso no tienes que esperar a ser presidente. Puedes venir a mi casa y cortar el césped, sacar las malas hierbas y abonar el jardín. Te pagaré $100 por el trabajo, luego te llevaré al supermercado de mi barrio donde siempre hay un mendigo y puedes darle el billete para que se compre comida y empiece a ahorrar para su casa.”
La chica pensó durante unos segundos, luego mirándome fijamente a los ojos me preguntó:
“¿Y por qué no va el vagabundo a hacer el trabajo y le pagas directamente a él?"

Es fácil hacer caridad con la plata ajena

miércoles, 1 de octubre de 2014

Aquí está la bandera idolatrada


Foto por Edgardo Mohr

Hace unos años fui por primera vez a la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe.
Viaje relámpago de 3 días.
La verdad es que no pude recorrer mucho como para tener una opinión sobre la ciudad, por varios lados sólo pasé con el auto. Uno de ellos fue el Monumento a la Bandera, que al verlo dije "más tarde / mañana venimos".
En principio por una descoordinación de horarios, un poco también por vagancia, terminé yendo la noche anterior a volverme y quedé fascinado!

La iluminación y el clima que se genera en el monumento es impresionante.
Ya desde el hecho de acceder pasando por entremedio de dos edificaciones, abriendote camino através de las distintas construcciones y finalizar con esa "proa" dirigida al río de la Plata...
Quedé impresionado.

En ese momento tomé una serie de fotos y finalmente me decidí a compaginarlas en un video, asi que se los dejo aqui abajo .... y no dejen de visitarlo, De Noche!



 Mi Bandera
Marcha

Aquí está la bandera idolatrada,
la enseña que Belgrano nos legó,
cuando triste la Patria esclavizada
con valor sus vínculos rompió.

Aquí está la bandera esplendorosa
que al mundo con sus triunfos admiró,
cuando altiva en la lucha y victoriosa
la cima de los Andes escaló.

Aquí está la bandera que un día
en la batalla tremoló triunfal
y, llena de orgullo y bizarría,
a San Lorenzo se dirigió inmortal.

Aquí está, como el cielo refulgente,
ostentando sublime majestad,
después de haber cruzado el Continente,
exclamando a su paso: ¡Libertad!
¡Libertad! ¡Libertad!

Letra: Juan Chassaing
Música: Juan Imbroisi 
 
  Saludo a la Bandera

Salve, argentina, bandera azul y blanca,
jirón del cielo en donde reina el sol;
tú, la más noble, la más gloriosa y santa;
el firmamento su color le dio.

Yo te saludo, bandera de mi patria,
sublime enseña de libertad y honor,
jurando amarte, como así defenderte,
mientras palpite mi fiel corazón.

Letra y Música: Leopoldo Corretjer

 
Canción a la Bandera
(De la Ópera Aurora)


Alta en el cielo un águila guerrera,
audaz se eleva en vuelo triunfal,
azul un ala del color del cielo,
azul un ala del color del mar.

Así en la alta aurora irradial,
punta de flecha el áureo rostro imita
y forma estela al purpurado cuello,
el ala es paño, el águila es bandera.

Es la bandera de la patria mía
del sol nacida que me ha dado Dios;
es la bandera de la patria mia,
del sol nacida, que me ha dado Dios;
es la bandera de la patria mía,
del sol nacida que me ha dado Dios.

Letra: H.C.Quesada y L. Illica
Música: Héctor Panizza
 

domingo, 17 de agosto de 2014

Torta de Cerveza y Chocolate

Parece brownie, pero no!
Parece biscochuelo, pero tampoco!
En esta oportunidad, probé una receta que me pasó Gabi, compartiendo los secretos milenarios de Colombia. Claro que fiel a mi ser, hice un par de modificaciones y no me quedó igual, pero quedó genial!!
Pruebenla y después me cuentan
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INGREDIENTES:




75gr de chocolate en polvo (o 100gr de chocolate en tableta)
200gr de azúcar
1 cerveza negra de 350ml (tiene que ser buena, yo usé Quilmes y me arrepiento)
150gr de manteca
200ml de crema de leche
1 cuchara de esencia de vainilla
2 cucharaditas de bicarbonato
300gr de harina
2 huevos
5 nueces
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PREPARACIÓN:


Poner a fuego bajo la cerveza con la manteca, esperar a que se derrita y apagar el fuego.



Agregar el chocolate con el azúcar, mezclar y dejar enfriar.



Mientras se enfría, en otro contenedor mezclar los huevos con la esencia de vainilla y la crema.



Una vez frío, mezclar ambas preparaciones.



Se agrega la harina con el bicarbonato y se mezcla bien para que no queden grumos. Debe quedar un poco líquida la mezcla.



Se pican las nueces no muy chicas y se las agregar a la mezcla.

Se coloca la mezcla en un molde grande enmantecado y enharinado y se cocina a fuego mínimo, en la parte de arriba en el horno y en 45 minutos / 1 hora queda lista!!

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Como todo en la vida.... esta receta queda mejor, con una bocha de helado o una cucharada de dulce de leche encima. ^^

Que la disfruten!

viernes, 25 de julio de 2014

Agonía bajo mis pies


Crónica urbana realizada para la materia Análisis literario y redacción (Stengele)
FADU - UBA - 2014

Siempre viví en la misma zona de Buenos Aires.
Desde que nací me crié en el barrio Villa Santa Rita, desconocido para muchos y tan familiar para los que lo frecuentamos. Paternal, Villa del Parque y Devoto siempre fueron los destinos de mis salidas con amigos y mi primer trabajo lo tuve en Chacarita, por lo que siempre me mantuve relativamente cerca.

Hace unos años me mudé a Monte Castro. Rodeado de lugares familiares como Devoto, Villa del Parque, Villa Santa Rita y Floresta. Otro barrio por lo general desconocido, de casas bajas, calles tranquilas, con muchos pasajes y pocos edificios. Me resulta raro pensar que toda mi vida se desarrolló en un grupo muy reducido de barrios, caminando las mismas calles, tomando siempre los mismos colectivos. Sin embargo siempre me sorprendo con pequeños cambios que descubro. Algunos galpones se transformaron en ph modernos de no más de dos o tres pisos, con frentes de laja o piedras y luces dicroicas. Negocios que se renovaron y otros siguen donde siempre. Algunas casa que hasta hace poco eran nuevas, ya dejan ver el paso del tiempo en las paredes con humedad, grietas y las rejas blancas con pequeñas manchas rojas por el óxido. Paredes que algún momento fueron blancas y hoy lucen distintos tonos como consecuencia de viejos grafitys tapados.

Las veredas, un lugar de permanente tránsito, renovación y cambio, muestran el paso del tiempo de forma muy notoria con sus “parches” más o menos grandes. Desde una esquina a la otra se pueden ver distintos bloques de vereda; la mayoría comienzan y terminan con cada casa; por ejemplo los grandes baldosones sin ningún dibujo, de forma rectangular, de unos sesenta centímetros por cuarenta centímetros, siempre grises y fríos. Recordados como el terror de los días de lluvia y las suelas lisas. También se pueden ver esas pequeñas y antiguas baldosas cuadradas, amarillas o marrones, con rayas, de unos quince centímetros por quince centímetro. Siempre rotas, flojas o de diferentes colores. Otras más actuales, remarcan el estilo de ciertas casas “modernas”. Bloques cuadrados de cuarenta por cuarenta, negros y brillosos como si estuvieran barnizados ayer, aunque también los hay desgastados y arratonados.

Este paisaje a nivel del suelo, tan heterogéneo y dispar, me trae a la memoria los recuerdo de cuando era chico y jugaba en la calle. Cada trayecto de una, cinco o veinte cuadras era el comienzo de una nueva partida y el tablero estaba en el piso. Las reglas eran simples: no se podía pisar las rayas o las uniones, también debías seguir por una misma línea de color y cualquier baldosa floja era una mina que explotaba y te hacía perder automáticamente.

En contraste con estos mosaicos de la vía pública, podemos cruzar algunas veredas nuevas de los últimos años, hechas solamente con cemento desde el cordón hasta la línea de las casas. Una superficie rayada de forma perpendicular a la calle y con bordes alisados de unos quince centímetros; conformando un monocromo gris con juntas divisorias de alquitrán. Idénticas en mi barrio y en el micro centro, en Colegiales y en Mataderos, dan la sensación de algo industrial, sin identidad ni sentimiento alguno. Nadie las reconoce como propias. Son negadas. Son ignoradas.

Me pregunto cómo harán los chicos para jugar en estas condiciones.
Me pregunto: ¿Quedarán chicos que jueguen en la calles?
Los adultos hace ya muchos años que dejamos de prestar atención a lo que pasa en las veredas. Desde aquellos tiempos en que la gente, en su mayoría de avanzada edad, sacaba el banquito a la puerta de su casa, y mientras tomaba mate y escuchaba la radio portátil, veía el paso de los autos y de los vecinos hasta que el sol desaparecía completamente. Desde aquellos tiempo, la vereda a dejado de tener un papel activo en la vida del ciudadano.

Tal vez por eso estén cambiando las veredas, porque a nadie le interesaba tener una vereda especial, porque a nadie le interesan. Al fin y al cabo ya no se viven, son simplemente un momento intermedio entre una u otra situación: el paso del auto a la casa, salir a pasear el perro o ir caminando al colectivo mientras miro el celular.
Dejadas en el olvido, destruidas por obras sin terminar. Poco a poco todas se van convirtiendo en ese frío gris del cemento.


Quizás sea tiempo de agachar la cabeza y apreciar los últimos destellos de vida antes de que la jungla de cemento sea una realidad absoluta.