30 años de Innuendo, el último disco de Queen

Elevador, ya ya ya elevador

Abrí la puerta y entre al edificio
- ¿El consultorio? - pregunté
- Piso 13
- Gracias

Caminé los 2 metros que me separaban del ascensor, lo llamé y me dispuse a esperar.
Llega el ascensor, se abre la puerta tipo tijeras de rejas, subo y atás mío sube una señora
- Voy al 13 - le dije
Sin siquiera mirarme apretó el 10 y luego el 13
Mientras tanto, llegaba corriendo una chica con una alegría radiante en su cara.
- Voy al 11 - dijo mientras respiraba tomando aire.

Y ahora llega el momento de la verdad, empieza el dilema.
Tres personas, sin nada en común, ni siquiera el mismo destino, y el interminable silencio de 11 pisos de viaje.

El tiempo se vuelve más lento, casi que por momento parece detenido.
La señora miraba el espejo del techo, buscando algún entretenimiento mejor que la consola de botones frente a ella, la cual ya era propiedad de mi desenfocada mirada.
La alegría que había traído la chica, pareció esfumarse en el segundo en que las puertas se cerraron. Hubiera dado cualquier cosa porque estuvieran dos personas hablando, llenando el vacío, por lo menos podría escuchar la conversación.
Pero el silencio humano no hizo más que resaltar todos los ruidos que hubieran pasado desapercibidos: el cable corriendo por las roldanas, el "click" al pasar por cada piso, una correa que rechinaba, un motor funcionando a lo lejos ... 

Evité la tentación de abrir el celular, sabía que no tenia nada para ver, pero era la excusa perfecta.
Vamos a ver como sigue, pensé a modo de desafía personal.
Me mantuve inamovible con el interesante panorama de la botonera.
El display de los pisos estaba hecho con leds y había un piso entre PB y el 1 llamado EP
Lo que sumaba otro piso a la interminable situación.

De pronto estaba solo, subiendo el ultimo piso.
Pensando en increíbles y creativos temas de conversación que podrían haber sucedido en los eternos minutos anteriores, pero que simplemente fue mirar con detalle la botonera de un ascensor.

Llegué a la sala de espera. Entré a la consulta. Saqué el próximo turno y salí rápidamente del consultorio.
Lo único en lo que pensaba era en subir nuevamente al ascensor y tener otra oportunidad con el destino.
El ascensor llegó, me subí y bajé los 13 pisos solo, con el mismo silencio, pero un poco desanimado.

Los trenes no pasan dos veces. Los ascensores tampoco.

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